martes, 23 de octubre de 2018

La tartamudez es tan antigua como la aparición del habla y desde la antigüedad se le han atribuido diversos orígenes y tratamientos. Algunos nos parecerán absurdos, e incluso crueles a día de hoy, pero al igual que en la actualidad, solo intentaban resolver el enigma de la tartamudez, basándose en los conocimientos que tenían a mano. Aquí tenemos algunos ejemplos de como se trataba la tartamudez a lo largo de la historia.

Demóstenes, el gran orador tartamudo
Demóstenes, el famoso orador ateniense, que vivió en Grecia del 384 al 322 AC, creció con un problema de tartamudez. A pesar de ello, Demóstenes se sentía atraído por la vida pública y nada podía imponerse en su camino, ni siquiera su habla entrecortada. Para reforzar su voz, practicaba en la playa hablando con piedrecitas en la boca hasta que se le podía oír entre el ruido de las olas. También subía por colinas cargando peso en el pecho para aumentar su capacidad pulmonar.

Demóstenes (en griego, Δημοσθένης: Dēmosthénēs) fue uno de los oradores más relevantes de la historia y un importante político ateniense. Nació en Atenas, en el año 384 a. C. y falleció en Calauria, en el año 322 a. C.

Platón y Aristóteles, por Raffaello Sanzio (detalle de La escuela de Atenas, 1509).
En la Antigua Grecia, Aristóteles llegó a la conclusión de que las personas tartamudeaban porque pensaban más rápido de lo que podían hablar y señala a la lengua como responsable al ser incapaz de seguir la velocidad con la que fluían las ideas.


Es increíble que muchas de las ideas que se pensaban en la antigüedad sigan tan vigentes hoy en día. Cuántas veces hemos escuchado: “piensa antes de hablar”, “ordena tus ideas”, “hablas más rápido de la que piensas”… Incluso, cuántos de nosotros hemos puesto en práctica métodos como el de Demóstenes, manteniendo un lápiz en la boca para ejercitar los músculos de la cara e intentar hablar más despacio y pronunciando mejor, y cuántos hemos hecho respiraciones diafragmáticas para aumentar la capacidad pulmonar y hablar más pausadamente. Realmente me ha sorprendido!
Aristóteles (en griego antiguo: Ἀριστοτέλης, Aristotélēs; Estagira, 384 a. C.-Calcis, 322 a. C.)1​2​3​ fue un polímata: filósofo, lógico y científico de la Antigua Grecia cuyas ideas han ejercido una enorme influencia sobre la historia intelectual de Occidente por más de dos milenios.













Cornelius Celsus, físico y filósofo romano, pensó que la solución era hacer gárgaras con diversas especias o masticar ajo con mostaza y cebolla, a modo de estimulantes. Si los resultados no eran los deseados, le pedía al paciente que metiera la cabeza en agua fría, comiera rábanos picantes y vomitara.

Aulo Cornelio Celso (en latín, Aulus Cornelius Celsus; ca. 25 a. C.-50 d. C.) fue un enciclopedista romano, y tal vez médico (aunque no hay evidencias ciertas de esto último), nacido probablemente en la Galia Narbonense. 

En 1608, el físico Fabricus Hildanus, cirujano alemán nacido en el año 1560 y muerto en 1634. Su verdadero nombre era Wilhelm Fabry von Hilden. Su figura fue muy importante en el mundo quirúrgico alemán, por lo revolucionario de sus técnicas de operación y por la gran cantidad de instrumentos médicos que inventó, entre otros, cortaba el frenillo de la lengua, ya que partía de la hipótesis de que el anormal grosor del frenillo impedía que la lengua se dirigiera adecuadamente hacia el paladar o los dientes.


Grabado de Guilelmus Fabricus Hildanus en su libro Observationum et Curationum Chirurgicarum Centuriae, 1641.

Joseph Frank (December 23, 1771 Rastadt – December 18, 1842)
Uno de los tratamientos más sorprendentes, fue el del doctor Joseph Frank, que afirmaba que la tartamudez era un hábito depravado, y pensaba que unas cuantas palizas aplicadas con regularidad podrían resultar útiles. Increíble pero cierto!

A finales del siglo XIX, asistimos a un cambio que va del enfoque físico al psicoanalítico. Se empezó a asociar la tartamudez a crisis nerviosas y a problemas psíquicos.






En 1915, Sigmud Freud añadió que la tartamudez podría tener algo que ver con un conflicto en las funciones excrementicias, puesto que la elocución implica el acto de expulsar algo de la persona al mundo externo. Concluyó, por tanto, que los bloqueos tenían que representar una forma de estreñimiento.

Fotografía de Sigmund Freud circa 1921,1​ por Max Halberstadt.

Isador Coriat, un físico de Boston, llegó a la conclusión de que la tartamudez era una psiconeurosis severa causada por la continuación en la vida adulta de hábitos infantiles de lactancia. Llega a esta conclusión, ya que observaba en los adultos movimientos de succión y mordisqueo similares a los movimientos que realizan los bebés al mamar.

Isador Henry Coriat (10 de diciembre de 1875 - 26 de mayo de 1943) fue un psiquiatra y neurólogo estadounidense de ascendencia marroquí . Fue uno de los primeros psicoanalistas norteamericanos
Bluemel planteó que la tartamudez era un defecto auditivo, ya que cuando una persona es capaz de oír correctamente una palabra, también es capaz de reproducirla. Creía que si el sujeto habla mal es porque se oye mal y al oírse mal a sí mismo, su memoria retiene las palabras distorsionadas, estableciéndose así el circulo vicioso de la tartamudez.
Al llegar al siglo XX, se incluyó el estudio metódico de las causas de la tartamudez.

Lee Edward y Samuel Orton, desarrollaron en la Universidad de Iowa, la teoría de la dominancia cerebral, en la que se afirmaba que la tartamudez era el resultado de un conflicto entre los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro por controlar el habla. Después de varios años de intensas investigaciones, se descubrió que la función cerebral de las personas que tartamudean no es significativamente diferente de la función cerebral de las personas con habla fluida.

Algunos terapeutas del habla trataron de explicar la dinámica de la tartamudez desde una perspectiva conductista. Los estudios se realizaron dando a los sujetos recompensas positivas o negativas, dependiendo de su capacidad para mantener la fluidez, pero los resultados no fueron los esperados. Por otro lado, los genetistas han buscando los genes que causan la tartamudez, pero hasta el momento no han podido encontrar ninguna mutación genética que pueda ocasionar la tartamudez, ni ningún mecanismo que la pueda explicar.

Con lo cual, a pesar de todas las investigaciones realizadas, todavía no se ha encontrado ningún origen ni tratamiento definitivo. Aunque el ser humano ha hecho grandes descubrimientos, todavía no ha sido capaz de resolver el gran enigma de la tartamudez.



Un día como hoy un 22 de Octubre de 1998!!!

La tartamudez o disfemia es definida como un trastorno de la fluidez del habla (no un trastorno del lenguaje) que se caracteriza por interrupciones involuntarias del habla que se acompañan de tensión muscular en cara y cuello, miedo y estrés. Ellas son la expresión visible de la interacción de determinados factores orgánicos, psicológicos y sociales que determinan y orientan en el individuo la conformación de un ser, un hacer y un sentir con características propias. Comienza, de modo característico, entre el segundo y cuarto año de vida, aunque se suele confundir con las dificultades propias de la edad a la hora de hablar. Al final, solo uno de cada 20 niños acaba tartamudeando y muchos de ellos superan el trastorno en la adolescencia. El Día Mundial del Conocimiento de la Tartamudez fue decretado el 22 de octubre de 1998 por la Asociación Internacional de Tartamudos (ISAD-International Stuttering Association). 

Con el apoyo de la especialista Milagros Valera, logopeda de Mentor Clinic y de la Fundación Española de la Tartamudez se ha querido conocer mejor de lo que hablamos cuando nos referimos a la tartamudez o disfemia, por ello en este artículo 10 circunstancias sobre este trastorno.

1. La TTM no es una enfermedad y afecta más a hombres

La tartamudez no está considerada una patología. “Se considera un trastorno o desorden de la fluidez verbal que afecta a la comunicación y no una enfermedad”, señala Valera. Entre el 1% y el 2% de la población adulta en España es tartamuda. Afecta más a hombres, de cada cuatro afectados solo uno es mujer.

2. La TTM es un trastorno neurológico y no psicológico

A día de hoy no se conoce cuál puede ser el origen o la causa de este trastorno; sin embargo, lo que sí se puede afirmar es que “la tartamudez es un trastorno neurológico y no psicológico, pero las consecuencias personales y sociales para las personas que la padecen, inciden negativamente  en el estado emocional de las mismas. Por esta razón se confunde muchas veces la causa de la tartamudez y se relaciona con cuestiones psicológicas, cuando en realidad estas son las consecuencias de como la sociedad responde en general frente a las personas disfémicas y como eso afecta a la autoestima de las mismas”, señala la logopeda.

3. La TTM suele aparecer en la infancia pero no hay que confundirla con las disfluencias

Casi el 5% de los niños presenta disfluencias desde los 2 a los 5 años y, en torno al 80%, remiten solas. En esta etapa lo común es hablar de disfluencias o interrupciones de la fluidez, más que de tartamudez.

Eso sí, hay que estar atentos ya que lo habitual es que la tartamudez aparezca en la niñez aunque “también puede aparecer en la adolescencia y, no es lo más habitual, pero puede aparecer en cualquier momento de la vida de una persona”, indica la experta.

4. A la TTM  la suelen tratar fonoaudiólogos, logopedas y psicólogos

Lo más común es que una persona con tartamudez se ponga en manos varios especialistas, principalmente un fonoaudiólogo, terapeuta de lenguaje, logopeda pero también es muy habitual contar con la ayuda de un psicólogo. Tal y como señala Milagros Valera el abordaje debe ser multidisciplinar, siempre en función de las necesidades de cada persona: “Ocasionalmente también pueden intervenir el neurólogo  y el psiquiatra, este último cuando la persona que padece disfemia no solo necesita apoyo psicológico sino también medicación”.

5. ¿La TTM tiene cura? No, porque no es una enfermedad, pero se puede mejorar la fluidez

En cuanto a si tiene cura o no, es relativo pues se indica que la TTM no es una enfermedad ni patología, sino una condición de los individuos que la padecen, en el cual desgraciadamente en estos momentos no se ha hallado farmacológica ni a través de intervenciones terapéuticas y psicológicas, pero Valera apunta que “ las personas tartamudas que inician tratamientos terapéuticas y psicológicos mejoran, tanto en la fluidez del habla como en su estado emocional”.

6. El método Lidcombe, uno de los tratamientos de la TTM más novedosos

Este método tiene su origen en Australia, “Lidocombe es un programa de intervención desarrollado como un proyecto común entre la facultad de Ciencias de Salud, de la Universidad de Sydney  y la Unidad de Tartamudeo del Servicio de Salud Bankstown, también en esta ciudad australiana”, indica Milagros.

El modelo ya se utiliza en España y su principal novedad es que se trata de un programa en el que los padres ayudan al niño tartamudo en su entorno cotidiano y familiar, siempre en un ambiente de juego, sin agobios y sin cargarle la responsabilidad de hablar diferente. El papel del logopeda se centra en enseñar a los padres a llevar a cabo el tratamiento, sin interferir en el día a día del niño, y teniendo en cuenta que cada niño y cada familia es diferente.

7. ¿Posibles causas de la TTM? Las últimas investigaciones apuntan al área de Broca del cerebro

En la actualidad existen investigaciones que en un futuro se espera que ayuden a entender el origen de la tartamudez. “Se están investigando en la Universidad de Alberta (Canadá) regiones del cerebro responsables de la producción del habla y se ha detectado en el área de Broca de las personas tartamudas un desarrollo anormal. Una interpretación de este hallazgo podría ser que esta zona no funciona tan eficientemente en las personas que tartamudean. Pero por ahora, los científicos aún no pueden decir definitivamente que la región de Broca es responsable de la tartamudez”, explica la logopeda.

8. La dificultad de la persona con TTM para encontrar empleo

Una tarea complicada hoy en día en España casi para cualquier persona se convierte en algo el doble de duro para una persona tartamuda. Hablamos de la búsqueda de empelo, sentarse a hacer una entrevista de trabajo es todo un reto para alguien con disfemia. En relación a este tema cabe señalar que el 80% de las personas que tartamudean están en paro.

Hasta no hace muchos años una clausula impedía  a este colectivo presentarse a una oposición pública, algo que ya ha cambiado desde la derogación de este punto durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

9. Aristóteles y Demóstenes, dos filósofos tartamudos

Demóstenes, el famoso orador ateniense, que vivió en Grecia del 384 al 322 AC, creció con un problema de tartamudez. A pesar de ello, Demóstenes se sentía atraído por la vida pública y nada podía imponerse en su camino, ni siquiera su habla entrecortada. Para reforzar su voz, practicaba en la playa hablando con piedrecitas en la boca hasta que se le podía oír entre el ruido de las olas. También subía por colinas cargando peso en el pecho para aumentar su capacidad pulmonar.

En cuanto a Aristóteles, el filósofo griego llegó a la conclusión de que las personas tartamudeaban porque pensaban más rápido de lo que podían hablar y señalaba a la lengua como responsable al ser incapaz de seguir la velocidad con la que fluían las ideas.

10. Actores y actrices que ni te imaginas hicieron frente a la tartamudez

Lo decíamos al principio, está confirmado que Marilyn Monroe era tartamuda, también Julia Roberts, Bruce Willis o Anthony Hopkin han tenido que hacer frente a este problema, cada uno utilizando su propia estrategia para lograr hablar de la forma más fluida posible, unos cantando, otros hablando más bajito, otros hablando más rápido…



Filmografía con personas con TTM!!!

En la película ganadora del Oscar, El discurso del rey de Tom Hooper se ve claramente los problemas que tiene una persona afectada al hablar en público.



El personaje William "Bill" Denbrough de la novela It de Stephen King, sufre de tartamudez, supuestamente porque cuando tenía tres años fue atropellado y lanzado contra la pared de un edificio.




El personaje de Porky de los Looney Tunes presenta este tipo de trastorno al hablar.



En la primera película de la saga literaria de Harry Potter se puede ver la tartamudez en el profesor Quirinus Quirrell, al igual que en el libro, aunque en este caso se trata de tartamudez fingida.



En La dama en el agua, el protagonista también sufre de tartamudez después de un episodio traumático, aunque se desconoce si sufría de ella desde antes del hecho o no.



REFERENCIAS:

- Loriente Zamora, Cristóbal. Antropología de la tartamudez. Etnografía y propuestas. Bellaterra
- Loriente Zamora, Cristóbal. La tartamudez como fenómeno sociocultural: una alternativa al modelo biomédico.
- Charles Van Riper, Robert L. Erickson. Speech Correction: An Introduction to Speech Pathology and Audiology.
- Rodríguez C, Pedro R. Hablan los Tartamudos. Caracas: Ediciones de la Universidad Central de Venezuela; 2005.
- Fundación Española de la tartamudez.

miércoles, 3 de octubre de 2018

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

A través de la historia, múltiples investigaciones se han hecho presentes para tratar de entender, definir y clasificar a la parálisis cerebral infantil. En 1843 William Little, un ortopedista inglés, fue el primer médico en tratar de agrupar las alteraciones esqueléticas que se asociaban a padecimientos cerebrales. Observó que existía una relación entre una hemiplejía y alteraciones esqueléticas que se repetían como un patrón y que generalmente se presentaba en niños con antecedentes de prematurez o asfixia perinatal (Little, 1862).

William John Little (1810–1894)
Compiló sus investigaciones y logró publicar un tratado conocido como «Deformities of the human frame» (Little, 1843) el cual tuvo rápidamente gran aceptación a nivel mundial, por lo que a partir de ese momento se le conoció a la parálisis cerebral infantil como la enfermedad de Little.

Para el año de 1900 y tras lo publicado por Little, Phelps (1941) incursionó en un tratamiento moderno para estos niños, el cual abarcaba un programa de terapia física, uso de órtesis y bloqueo de nervios. Describió cuatro objetivos principales a tratar:  

1. Locomoción,
2. Independencia en las actividades de la vida diaria,
3. Lenguaje y
4. Apariencia general.

En 1957, el club de Little, formado por expertos en la materia, publicó otra definición de la parálisis cerebral (PC) denotándola como un desorden permanente pero cambiante del movimiento y postura que aparece en los primeros años de la vida, debido a un desorden no progresivo del cerebro que resulta en la interferencia durante su desarrollo. Presentaron así mismo una nueva clasificación que la agrupa en distintas categorías: espástica, distónica, coreoatetósica, mixta, atáxica y atónica (MacKeith, 1959). Hacia finales de los años 80 y principios de los 90 y tras múltiples reuniones de expertos en América y Europa, se realizó una nueva revisión con un interés profundo en subrayar la heterogeneidad de esta condición, acuñándose el término de «paraguas»; el cual cubre a un grupo de síndromes de dificultad motora no progresivos, pero constantemente cambiantes, secundarios a lesiones o anormalidades del cerebro, que aparecen en las primeras etapas del desarrollo (Mutch, et al. 1992). Finalmente para el año 2004 en Bethesda, Estados Unidos, un grupo de expertos a nivel mundial, reunidos en el «Taller Internacional para la Definición y Clasificación de la Parálisis Cerebral» introdujo al acervo médico que la parálisis cerebral no es una enfermedad específica (Wu, 2006), y finalmente se definió como «un grupo de desórdenes permanentes del desarrollo del movimiento y postura, que causan una limitación; y se atribuyen a alteraciones no progresivas que ocurren en el desarrollo del cerebro fetal o infantil. Los desórdenes motores de la PC frecuentemente se acompañan de alteraciones en la sensación, percepción, cognición, comunicación, alimentación, funciones orofaciales, conducta y por problemas musculoesqueléticos» (Bax, 2005).


El concepto de Karen y Berta Bobath (1940), fundadores del famoso centro Bobath de Londres - Inglaterra, señalan que la parálisis cerebral es un grupo de condiciones resultantes del daño o mal desarrollo del cerebro que ocurre en la temprana niñez. La lesión es estacionaria e interfiere con la coordinación normal, incapacidad para mantener la postura normal y realización del movimiento. Al impedimento motor se asocia frecuentemente disturbios: sensorial, retardo mental y/o epilepsia.


Para Marti (2003) la Parálisis Cerebral es provocada por una lesión en un cerebro en desarrollo desde el embarazo, parto hasta los 5 años de edad, (momento en que el cerebro alcanza el 90% del peso), que provoca un mal funcionamiento de las áreas motoras.

El desarrollo de las clasificaciones también ha sido problemático, describiéndose en la historia diferentes sistemas de clasificación. Cada sistema toma en cuenta la descripción clínica de los trastornos motores, la búsqueda de asociaciones entre tipos clínicos y etiología, la realización de estudios epidemiológicos y la intervención terapéutica.

Debemos saber que las causas de la parálisis cerebral son múltiples y éstas se clasifican en tres grupos principales de alteraciones: prenatales, perinatales y postnatales. Se estima que entre un 70 y 80% de las ocasiones, la PC tiene su origen en factores prenatales.

Hasta el momento, la prematurez sigue siendo uno de los principales antecedentes de la parálisis cerebral. Sin embargo, los avances en la ciencia y la tecnología, que se extienden desde imágenes en sus diversas modalidades a técnicas avanzadas de biología molecular, indican que la mayoría de los casos de encefalopatía neonatal y parálisis cerebral no se originan durante el parto (Bax, 2006)

En la actualidad se acepta que la mayoría de los casos de encefalopatía neonatal y PC tienen su origen en la hipoxia neonatal consecuencia de anomalías de desarrollo, anomalías metabólicas, defectos autoinmunes y de la coagulación, infecciones, traumatismos o combinaciones de éstos. 

Algunas clasificaciones iniciales, como la realizada por Evans (1948), sólo contemplaba cuatro parámetros:
1. No ambulatorio,
2. Restricción del estilo de vida,
3. Marcha funcional pero no con fluidez, y
4. Marcha con soltura.

La Parálisis Cerebral se clasifica de acuerdo a la perturbación del tono muscular y por ende del movimiento en: espástica, atetoide, ataxica y mixtas. Algunos autores describen las formas hipotónicas.

La forma espástica se caracteriza por la dificultad que, tiene el músculo de relajarse de manera voluntaria, se refiere a la incapacidad de la persona de controlar movimientos de los miembros afectados. La forma atetoide se refiere a la incapacidad de la persona de controlar el movimiento de los músculos comprometidos. La variedad atáxica, la detectamos por la dificultad para conservar el equilibrio corporal y la coordinación de los movimientos.

Se reconocen también las formas mixtas que comprende la presencia de grupos musculares espásticos alternando con músculos afectados de movimiento atetoide; así como formas hipotónicas que generalmente se presentan con carácter temporal por cuanto a que posteriormente se transforman en forma espástica o atetoide.


MOTRICIDAD OROFACIAL Y PARÁLISIS CEREBRAL 

En cuanto a las alteraciones motrices del lenguaje en la Parálisis cerebral, Puyuelo, M. Póo, P. Basil, C. Le Métayer, M. (1996), establecen las siguientes como las más comunes y características de esta patología: alteraciones en las partes del cuerpo relacionadas con la emisión de la voz, alteraciones en la alimentación, en la zona oral o perioral y reflejos orales, en la respiración, en la fonación, en la articulación, en la resonancia y en la prosodia.

En la rehabilitación de las alteraciones relacionadas con la motricidad orofacial adquiere gran importancia la terapia miofuncional orofacial que Pérez (2010, p.14-17) define como: Sistema terapéutico de intervención que constituye una serie de técnicas y procedimientos que se utilizan para reeducar y establecer no sólo un equilibrio muscular orofacial, sino hábitos y funciones alteradas, así como la creación de nuevos patrones de conducta oral con el fin de conseguir una rehabilitación funcional en la resolución de trastornos bucofaciales así como la mejora de la estética facial.

Pérez (2010), en relación con el objetivo principal que persigue este tipo de terapia en sujetos con limitaciones importantes a nivel orofacial, establece que “la terapia miofuncional es un tipo de intervención que tiene como finalidad el conseguir un equilibrio muscular orofacial, que permita realizar correctamente patrones neuromusculares de comportamiento adecuados” (p. 14-17)

Este tipo de intervención, se emplea tanto en niños, como en adolescentes y adultos que presentan alguna disfunción en el sistema orofacial.

El tratamiento en motricidad orofacial debe ser llevada a cabo por un profesional especializado en el tema, que se encargará de prevenir, evaluar, diagnosticar, educar y rehabilitar aquellas alteraciones que comprometan la funcionalidad del sistema orofacial en patologías de diversa índole (físicas, genéticas, neurológicas o adquiridas) en personas de todas las edades.

Los problemas más frecuentes en los que se centra la terapia de motricidad orofacial según Pérez (2010, p. 14-17), se dan:


1. A nivel respiratorio: respiración oral, respiración invertida, hipotonía diafragmática, etc.
2. A nivel masticatorio y deglutorio: deglución atípica, deglución con interposición lingual, limitación masticatoria, movimientos compensatorio y adaptativos, etc.
3. Malos hábitos: succión digital, labial, succión de mejillas, uso excesivo de chupete, etc.
4. A nivel articulatorio: disartrias y anartrias.
5. A nivel postural: asimetrías posturales, hombros adelantados, columna vertebral no rectilínea, etc.
6. Tonicidad y movilidad de la musculatura facial: hipotonía labial, lingual (protusión lingual), bruxismo, etc.

La intervención orofacial, no obstante, presenta diferentes limitaciones que deben ser tenidas en cuenta antes del inicio de la rehabilitación. Según Castells i Batlló, M. (1992), las limitaciones más significativas son:

Por un lado la edad del sujeto: lo ideal es empezar lo antes posible, de ese modo será mucho mejor el pronóstico y avance del niño.

Por otro lado está la motivación y predisposición del sujeto: Si el niño no está suficientemente motivado o predispuesto para la realización de los ejercicios, es inútil llevar adelante el tratamiento, sin embargo es todo un proceso de adaptación a través de actividades corrigiendo, adaptando y estimulando su deficiencias por parte del terapeuta y principalmente de sus padres. Del mismo modo en niños mayores se logra conseguir esta motivación más rápido, porque ellos mismos son conscientes de sus limitaciones y también de sus posibilidades. Es de gran importancia que el terapeuta consiga y mantenga viva dicha motivación a lo largo del tratamiento.

Por último en necesario tener en cuenta la colaboración de la familia: la familia es indispensable puesto que depende de ellos que el sujeto acuda a las sesiones y realice adecuadamente los ejercicios y actividades. En el caso de los adultos, la familia será un apoyo indispensable para mantener la motivación hacia el tratamiento. El éxito de la intervención, estará por tanto directamente relacionado con la implicación familiar en el proceso de rehabilitación.

En cuanto a la aplicación de la terapia de Motricidad Orofacial, García, Djurisic, Quirós, Molero, Alcedo, Tedaldi, (2010), establecen que a pesar de ser planificada de forma individual para cada paciente dadas las características concretas de cada uno, existen tres fases comunes a todo tratamiento, ya sea miofuncional o de otro tipo, que se deben seguir para un tratamiento adecuado y funcional. Estas fases son:

1. Concientización: El paciente deberá reconocer el problema y la necesidad de su corrección; para ese fin trabajará mediante ejercicios realizados metódicamente y diariamente.
2. Corrección: El paciente conocerá las estructuras que se encuentran alteradas, indicándoles por qué es anormal. Se enseñará la forma adecuada.
3. Reforzamiento: Una vez que el paciente ha conseguido un patrón correcto, deberá ser reforzado; su estabilización se logrará con ejercicios adecuados hasta que la acción refleja condicionada haya establecido la acción correcta.

A continuación se exponen dos cuadros para visualizar la utilidad de la terapia miofuncional orofacial como método de intervención en sujetos con parálisis cerebral, y las competencias generales que pretende la motricidad orofacial a nivel global, en la línea de los citados por Aragón Jiménez, V. (2009).

 COMPETENCIAS RELACIONADAS A LA MOTRICIDAD OROFACIAL



- Disminuir la tensión como medida previa para facilitar la succión, deglución, masticación, respiración y fonoarticulación.
- Modificar la postura corporal. Adquirir patrones correctos para favorecer al desarrollo de las funciones orofaciales. 
- Reeducar patrones musculares orofaciales inadecuados.
- Eliminar malos hábitos e instaurar nuevos comportamientos.
- Devolver el equilibrio muscular orofacial.
- Modificar el patrón masticatorio y/o deglutorio incorrecto estableciendo nuevos comportamientos.
- Corrección de hábitos nocivos como puede ser una postura inadecuada, una respiración oral, etc.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

- Aragón Jiménez, V. (2009). Innovación y experiencias educativas. “Terapia miofuncional en niños con deglución atípica”. 16. ISSN: 1988-6047. Recuperado de http://blog.aspanif.org/wp-content/uploads/2013/08/ejercicios-miofuncionales.pdf

- Bax M, Goldstein M et al. (2005) Proposed definition and classification of cerebral palsy. Dev Med Child Neurol. (47): 571-576.

- Bax M, Tydeman C et al. (2006) Clinical and MRI correlates of cerebral palsy: the European Palsy Study. JAMA. (296): 1602-1608.

- Bax M.C. (1964) Terminology and classification of cerebral palsy. Dev Med Child Neurol. (6): 295-297.

- Castells i Batlló, M. (1992). Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología. Terapia miofuncional y logopedia, 22 (2), p. 85-92. Recuperado de http://apps.elsevier.es/watermark/ctl_servlet?_f=10&pident_articulo=13152868&pident_us uario=0&pcontactid=&pident_revista=309&ty=61&accion=L&origen=zonadelectura&web=w ww.elsevier.es&lan=es&fichero=309v12n02a13152868pdf001.pdf
Evans P.R. (1948) Problems in the classification of cerebral palsy in childhood. Archives of Disease in Childhood. (23): 213.

- García, J. Djurisic, A. Quirós, O. Molero, L. Alcedo, C. Tedaldi, J. (2010) Revista Latinoamericana de Ortodoncia y Odontopediatría. Hábitos susceptibles de ser corregidos mediante Terapias Miofuncionales. ISSN: 1317-5823. Recuperado de https://www.ortodoncia.ws/publicaciones/2010/art21.asp

- Little W.J. (1843) Lectures on the deformity of the human frame. Lancet. (1): 318-320.

- Little W.J. (1862). On the incidence of abnormal parturition, difficult labour, premature birth and asphyxia neonatorum on the mental and physical condition of the child, especially in relation to deformities. Transactions of the obstetrical Society of London (3): 293-344.

- Mac Keith R.C, Polani P.E. (1959) The Little Club: memorandum on terminology and classification of cerebral palsy. Cerebral Palsy Bulletin. (5): 27-35.

- Mutch L, Alberman E, Hagberg B et al. (1992) Cerebral palsy epidemiology: where are we now and where are we going? Dev Med Child Neurol. (46): 60-65.

- Oliva, L. L. Terapia de Estimulación Orofacial en Patologías Neurológicas Infantiles. Recuperado de http://ocw.um.es/cc.-de-la-salud/intervencion-interdisciplinar-desde-el-ambito-de/materialde-clase-1/tema9.laura-luna-oliva.pdf

- Pérez, M.ª C. (2010). Ayuda, formación e integración del minusválido. Terapia miofuncional y alimentación en niños con síndrome de Down. 104, p. 14-17. Recuperado de http://www.fundacionafim.org/_uploads/revistas/pdf/Revista_AFIM_104.pdf

- Phelps W.M. (1941) The management of the cerebral palsies. Journal of the American Medical Association. (117): 1621-1625.

- Puyuelo, M. Póo, P. Basil, C. Le Métayer, M. (1996). Logopedia en la parálisis cerebral: Diagnóstico y tratamiento. Barcelona: MASSON, S.A.

- Wu Y.W, Croen L.A et al. (2006) Cerebral palsy in term population: risk factors and neuroimaging findings. Pediatrics. (118): 60-67.

viernes, 3 de agosto de 2018


Busquet L. en su libro: Las cadenas musculares-Tratamiento del cráneo. Tomo V. refiere que  la masticación influye directamente sobre cada seno paranasal. Debido a la anatomía de los huesos de la cara y su disposición espacial con respecto a los dientes. 

Si observamos la forma del maxilar superior, vemos que responde de forma lógica a esta exigencia. Cuando masticamos, el maxilar superior canaliza y dirige las fuerzas de compresión de los dientes hacia cada uno de los diferentes senos.


En la masticación la alternancia de un tiempo de compresión seguido de otro de descompresión opera un verdadero bombeo de los alvéolos dentales, pero también del hueso maxilar y de los diferentes senos de la cara. 

Tomando como referencia la apófisis Crista Gali, que es  centro de la Curva de Spee.





Las ramas ascendentes de los maxilares, que terminan en los senos frontales, activan los senos frontales.

Las ramas ascendentes y la parte horizontal del maxilar activan los senos etmoidales y forman el suelo de la órbita.

La influencia directa de los dientes sobre el hueso maxilar y la del masetero sobre el malar activan los senos maxilares.





Antes de ver el efecto de la masticación sobre el seno esfenoidal hemos de hacer un par de observaciones:

1. Las paredes del cuerpo del esfenoides son muy delgadas. En el hueso seco son parecidas al papiro y se disgregan fácilmente. En el ser vivo el esfenoides no es frágil. La plasticidad del tejido vivo e hidratado y la arquitectura de la base del cráneo confieren la resistencia mecánica necesaria.

2.  Las alas mayores del esfenoides y las apófisis pterigoides suelen introducirse en las delgadísimas paredes laterales del cuerpo del esfenoides, que es hueco. Además, los músculos temporales, que son muy potentes, se fijan en las alas mayores del esfenoides y en la escama de los temporales. Los músculos pterigoideos, los músculos constrictores superiores de la garganta, no menos eficientes, se insertan en las apófisis pterigoides. Una vez que hemos entendido que las alas mayores y las apófisis pterigoides se convierten en brazos de palanca por efecto de esos músculos, vemos la poderosa acción de neumatización y de bombeo que proporciona el trabajo alternativo de esos grupos musculares sobre el seno esfenoidal. 

Más aún: cuando masticamos, la presión de la lengua sobre el paladar ejerce un empuje rítmico sobre la línea central del cráneo y, en particular, sobre el esfenoides. Debido a la relación anatómica que une el esfenoides y el vómer, el empuje de este último tiende a descompensar la sutura esfeno-etmoidal, mientras aumenta la presión sobre el cuerpo del esfenoides. De este modo, el vómer participa en el drenaje de este seno.

Es fundamental comprender que todo el puzzle craneano es y debe ser activo. En esas condiciones, la masticación tiene una importancia capital sobre la mecánica craneana.

En consecuencia:

1. Habrá que procurar masticar bien durante las comidas para recuperar esta dinámica craneana.

2. Habrá que procurar que la masticación sea completa y repartir los alimentos sobre toda la arcada dental para que cada seno esté bien dinamizado.

3. Habrá que procurar disponer de una buena oclusión. La ausencia de varios dientes puede ser perjudicial para el bombeo de uno o de varios senos. Se observa que los pacientes que han sido víctimas de un traumatismo en el premaxilar o que poseen implantes en los incisivos tienden a desarrollar en los años siguientes sinusitis frontales. La causa es simple: ya no utilizan los incisivos

-    sea por aprensión, secuela del traumatismo o temor a utilizar los implantes;
-    sea por mala percepción de la resonancia de los implantes de cerámica durante el contacto oclusal.


Referencias Bibliográficas:


- Busquet L. Las cadenas musculares. Tomo V. Editorial Paidotribo. 2006.

Dejerine J. Sémiologie des affections du système nerveux. Masson, 2014.

Magoun H. Osteopathy in the Cranial field. Magoun, 2005.



miércoles, 9 de mayo de 2018


Autismo en la primera infancia, signos de actividades repetidas

El incremento del autismo en los últimos años, nos ha llevado a muchas teorías, algunas falsas y alarmistas como que las vacunas tendrían que ver con su origen o la influencia de la relación madre-niño que existe en los primeros meses de vida. Sin embargo, estudios actuales han eliminado esas premisas con respecto al diagnóstico de esa condición.






En ese sentido el autismo, es considerado como una condición del ser humano, más que una enfermedad o patología. En la actualidad, en los Estados Unidos, investigadores del Centro Nacional de Investigaciones de Primates de la Universidad de California, han encontrado un marcador de autismo que se desarrolla en los monos, un hallazgo que abriría la puerta para que en el futuro se pueda diagnosticar y monitorear mejor esta condición autista.


Por qué esto es importante?. El concepto de marcadores de las enfermedades, condiciones y como estas pueden ayudar a su mejor control.

Por un lado sabemos que el autismo es una condición que se identifica en la primera infancia, básicamente por los signos y conductas que se observa en el infante, algunos que dependen de una observación cuidadosa del comportamiento del niño ya sea por los padres y/o profesionales de la salud, características como alteraciones de la atención, la sociabilidad del niño, el contacto visual disperso, la presencia de actos y actividades repetitivas, etc., son los que permiten hacer el diagnostico de autismo, pero como nos damos cuenta de todas las características que se mencionan, son signos “subjetivos” que son difíciles de medir con exactitud.

Sería muy diferente tener un examen de sangre, por ejemplo, que nos permita hacer un buen diagnóstico y un adecuado seguimiento de las características que se evidencian. Imaginemos que podamos medir una sustancia en la sangre que nos indique la presencia o ausencia del autismo y que ese examen pueda ser repetido para saber si existe alguna mejora o no el niño.

La Arginina Vasopresina se origina en el glándula hipófisis
Esta noticia es muy importante, que salió publicado el 2 de mayo del presente año, publicado en la revista Science Translational Medicine, lo que han descubierto estos investigadores en un grupo de monos macaco, este tipo de monos son los que presentan trastornos en el comportamiento equivalentes al autismo humano, estos investigadores encontraron en este grupo de monos, una sustancia llamada la ARGININA VASOPRESINA que está aumentada en el fluido que rodea el cerebro, el líquido cefalorraquídeo (LCR), cuando los investigadores midieron esta sustancia en el LCR de niños con autismo, en el líquido que se había extraído por otras razones y estaba guardado en el laboratorio, descubrieron que esta sustancia también estaba aumentada.



Mono Macaco, presentan trastornos de comportamiento semejantes al autismo.

Líquido cefalorraquídeo, se encuentra en el espacio subaracnoideo en el cerebro y la médula espinal (entre las meninges aracnoides y piamadre) 
Esto quiere decir, lo que han descubierto es que esta sustancia, que se llama ARGININA VASOPRESINA, está aumentada en los monos macaco, que tienen trastornos en el comportamiento parecido al autismo y también en el LCR de niños con esta condición.

Los investigadores recalcan que esa sustancia ya había sido relacionada al comportamiento social de los animales, así como los sentimientos de miedo y ternura, especialmente en machos, lo cual tiene mucha importancia, ya que el autismo es una condición que afecta en su gran mayoría a los varones.

Si bien es cierto que este es un estudio preliminar y en muy pocos casos, los expertos opinan que este estudio abre las puertas para que en algún momento se pueda encontrar a través de esta sustancia, un marcador bioquímico en la sangre o en los fluidos de un niño con autismo, un marcador que como se menciona podría ser de mucha utilidad en el diagnóstico y seguimiento de los casos. Esto nos permitirá pasar, de lo que ahora una evaluación subjetiva a otra evaluación mucho más objetiva de sangre, de orina o de algún tipo de fluido.


FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:








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